miércoles, 6 de diciembre de 2017

2017. Sin vuelta atrás.

2017, sin vuelta atrás.
La verdad este año 2017 ha sido un año convulso a nivel mundial, un parteaguas y el comienzo de una nueva era, un año de aprendizaje y dónde cadas vez se hace más patente el mundo líquido, ese interesante concepto de Bauman que nos hace replantearnos el como vamos condiciendo nuestros días.
Hemos pasado de ser guardabosques a jardineros, de respetar y proteger a la sagrada naturaleza a creer que si nuestros cuidados nada florecerá.
El riesgo de ser jardinero, es que se enfoca a ver una realidad artificial, busca maximizar, ordenar, podar y quitar la mala hierba, en su afán de controlar su jardín a nivel estético se olvida del equilibrio y de lo sabia de la madre naturaleza.
Este año los científicos han declarado como el año dónde comienza la extinción humana sin reversa, es decir, hemos llegado al punto dónde la explotación, los acuíferos, el aire, los mares, la degradación de las tierras ya no tiene vuelta atrás, y no estamos conscientes, estamos enfrascados en una carrera hacia ninguna parte.
Bauman dice “Somos indiferentes a los pobres porque hemos ahogado el impulso natural a ayudar al otro, las normas éticas están en crisis total porque lo que prima ahora es la competencia”.
Nos hemos vuelto cazadores, no para sobrevivir, o para mantener un orden natural, ahora es depredar, destruir, aniquilar al otro., y no solo se manifiesta en la economía o la política, incluso en nuestras relaciones interpersonales o sexuales, hemos arrojado nuestras capacidades a la hoguera de la vanidad, con entusiasmo vehemente.
Vivimos en la era de la información, dónde poco o nada se profundiza, como un gran lago espejo, dónde nadie puede pescar.
El mundo se vuelve justo ese espejo de agua dónde ya hay un piso firme, todo se diluye cada vez más rápido, sin certezas, sorprendidos y acostumbrados cada vez más al horror, o la tragedia, esa que se vive intensa solo un día y se olvida mañana con la nueva, con la que sigue, porque ni siquiera hay tiempo para el duelo o el dolor, una sociedad que evita estar triste a toda costa, y más aún estar consigo mismo cada individuo.
Los Gobiernos de las naciones ahora no mandan, solo controlan a los ciudadanos, mientras los mercados, las corporaciones, los especuladores, los laboratorios juegan a ser Di-s.
Tecnología enfocada en suprimir el trabajo, aumentar la vida de uno, reducir la de otros, crear alimentos a granel que nos matan, mientras los poderosos acceden a dietas orgánicas, libres de pesticidas.
Mientras los populistas prometen nuevos empleos, la verdad es cada año se reduce la mano de obra, crece la esperanza de vida, claro con enfermedades "crónico degenerativas" que hacen que los laboratorios se haga más ricos, con más "seguros" que en un mundo de inseguridad se hacen ricos y con cláusulas macabras que te condenan al desprotección.
Con más ricos y más pobres, y menos clase media.
No hay esperanza, paradójicamente, lo único que podemos es ser intensamente felices mientras podamos, hedonistas, amantes de nosotros mismos, aunque justo esa conducta falta de sacrificio y solidaridad nos haya traído hasta este punto de inflección.

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