miércoles, 6 de julio de 2016

De la Feria y los feriantes

La verdad es que pocas festividades llenan tanto de gozo el alma de un pueblo que las Ferias o Fiestas Patronales.

Una de las ventajas politeístas y en este caso dentro del cristianismo tan diverso en santos y advocaciones es que hacen de un año de 365 días un jolgorio itinerante entre estaciones, sí bien, las más importantes en México y en Jalisco suelen ser  con una periodicidad de cada 2 meses, así tenemos las clásicas fiestas de principios de Febrero, las de Abril, las de Junio, Septiembre y de ahí en adelante en los meses finales del año se acumula un calendario de "festejaciones" que hacen que por momentos la vida valga la pena.

La industria de los feriantes hace que familias enteras vivan de comarca en comarca, de virgen en virgen, de santo en santo y así su vida está ligada a los cohetes, los castillos, los antojos y el aceite y el metal de los juegos mecánicos.

Este año a mi me tocó vivir con especial atención y labores la de San Pedro, ese señor con barba, con llaves amarradas a la cintura y que labora de portero en los cielos, un cadenero VIP, que dicta quien entra y quien no al paraíso, un digno sucesor de Anubis y Caronte, quizá por ello, sus fiestas en Jalisco están marcadas por cortinas de agua que de lo alto de los cielos atestados de nubes  chorrean el agua que hace brotar la vida y la ciudad adquiere ese verdor característico del verano en occidente.

Este año las calles de mi pueblo se volvieron a  llenar de parroquianos ávidos de mercancías, y sobre todo de delicias, porque las comidas son sin duda uno de los atractivos más importantes de estas "Fiestas"  se puede encontrar en pocas cuadras a las redonda una variedad de preparaciones que hacen un festín al paladar, por ejemplo el famoso  turrón rosa que se sirve con limón y sal en papel destraza y es de una consistencia única y chiclosa y un color tan intenso que a los extranjeros simplemente las fascina, una especie de algodón sólido.

Pero además este pueblo tan rico de delicias y gourmet, está salpicado de puestos de todo tipo, ezquites, salchipulpos, papas, verduras cocidas, tortas, tostadas, carnes asadas, tamales etc. etc. tantos colores que inundan el ambiente y hacen que a veces quedes como mudo, como lleno aún antes de comer, como si por los ojos se saciaran los sentidos, la nariz pareciera se conectará al estomago y el buffet quedará completo,

Además de este componente culinario este año el Santo vino con una cartelera de actividades lúdico culturales que apenas medio tiempo de seguir, conciertos, bailes, danza, exposiciones, juegos mecánicos y bueno  hasta el palenque fui a dar para ver al Bombom asesino.





1 comentario:

  1. Salchipulpos... aquí a España no han llegado. Aunque este verano estamos inmersos en el desembarco de la Salchipapa... como bien sabrás.

    Bicos ricos

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