martes, 9 de junio de 2015

Enfermedad y poder... Síndrome de Hubris.

Hoy una de las noticias mañaneras es que el Cuah que ganó la alcaldía de Cuernavaca fue ingresado de urgencia por un padecimiento gástrico de urgencia en un hospital al sur de la ciudad de México y aunque fue algo sin cuidado parece hay una constante entre los hombres del poder y la enfermedad, pues hay estudios que dicen que los líderes políticos se enferman de  padecimientos graves 5 veces más que cuando no ejercían un cargo de responsabilidad.

Investigando como siempre lo hago y sobre TODO encontré un artículo sobre el Síndrome de Hubris. El médico británico David Owen encontró una padecimiento caracterizado ppor una adicción al poder, un síndrome que se caracteriza por sentirse capaces de realizar grandes tareas, creen saberlo todo y que de ellos se esperan grandes cosas, por lo que actúan yendo un poco más allá de la moral ordinaria.

La palabra Hubris proviene del griego hybris y refiere a la descripción de un acto en el cual un personaje poderoso se comporta con soberbia y arrogancia, con una exagerada autoconfianza que lo lleva a despreciar a las otras personas y a actuar en contra del sentido común.
Para los antiguos griegos este comportamiento era deshonroso y digno de ser censurado; eso ocurría tanto en la literatura como en la tradición oral.
La presidenta de Argentina Cristina Fernández, el presidente fallecido de Venezuela, Hugo Chávez, así como George W. Bush, Tony Blair, José María Aznar, Arthur Neville Chamberlain, Adolfo Hitler y Margaret Tatcher son algunos de los políticos que, a decir de David Owen, padecieron el síndrome de Hubris.
Pero... además los líderes tienen una muy alta posibilidad de presentar enfermedades potencialmente incapacitantes o riesgozas, por ejemplo el estres al que son sometidos aumenta los riesgos cardiovasculares, disminuye las erecciones en los hombres hasta en 40%,, provoca ansiedad y depresión al  dejar el poder y la probalidad de  desarrollar cáncer se incrementa en los políticos máyores de 50 años considerablemente.
Sin más son célebres los casos de este padecimiento en los presidentes latinoamericanos, Chávez, Lula, Cristina Fernández de Kitchner, Dilma Rouceff, Francoise Miterrand entre otros.
En la primera parte, David Owen analiza las enfermedades que aquejaron a alrededor de treinta políticos durante sus administraciones, en un periodo que consta de 1901 a 2007, desde el asma y la diarrea crónica de Theodore Roosevelt, hasta la hemorragia cerebral del primer ministro israelí, Ariel Sharon, que le impidió continuar con su mandato, pasando por las depresiones de Winston Churchill y de Willy Brandt, el transtorno bipolar de Lyndon Johnson y el temperamento paranoide y el alcoholismo de Richard Nixon.
Resalta el caso del presidente Woodrow Wilson, quien, debido a una trombosis progresiva en el hemisferio derecho desarrolló síndrome de inatención, que lo llevó a perder sensibilidad de un lado entero de su cuerpo.
Su conciencia también se vio disminuida. Durante los siete meses que duró su crisis, su esposa Edith tomó su lugar y empezó a ocuparse de los asuntos presidenciales de su marido.
Curiosamente, mientras Edith Wilson se convertía en “la primera presidenta de Estados Unidos” como muchos la llamarían posteriormente, en Francia la esposa del vicepresidente Paul Deschanel tomaba decisiones y firmaba documentos en sustitución de su marido, debido a la demencia frontotemporal que este padecía y que lo obligaba a actuar de manera desinhibida, hasta que no tuvo más opción que presentar su dimisión.
La intervención de las esposas de los políticos en los asuntos gubernamentales no se hizo pública sino hasta años después.E
En México fue controvertido el informe del Vaticano respecto a la "Salud mental de Fox", los rumores que quiso acallar Felipe Calderón respecto a un supuesto alcoholismo y el evidente envejecimiento de los 6 años de Ernesto Zedillo que en 1994 se veía joven y al final de su mandato se veía notoriamente cansado, pareciera que algunos políticos envejecen 20 años en menos de la mitad de tiempo.
Una de las preocupaciones principales del autor es el secretismo en torno a las enfermedades de los mandatarios. La información oportuna sobre sus afectaciones podría incluso cambiar el curso de los acontecimientos, y a diferencia de lo que los políticos temían, el cambio habría sido positivo.
Ese afán de secreto  se manifiesta en casos como el Parkinson de Hitler, la Ezquizofrenia paraoide de Mussolini, la Leucemia de Sha de Irán, la adicción a calmantes de Kennedy.
Ya en la mitología griega el concepto de hybris era profundamente conocido y repudiado. Orgullo, altanería, insolencia, soberbia. Declaraba Esquilo: “que nadie, por haber despreciado la suerte favorable que tiene, llevado del deseo de otros bienes, vaya a perder del todo una considerable prosperidad.
Arriba está Zeus, juez riguroso, que castiga los pensamientos demasiado soberbios”. Y como cualquier ofensa hacia los dioses, la hybris también tiene su castigo. La némesis, es decir, la inevitabilidad del destino.
David owen toma estos conceptos, la hybris para denominar al síndrome que padecen muchos políticos una vez que asumen el poder, y la némesis para llamar al castigo que encontrarán por sus excesos.
De manera que el PODER y su seducción  tan atractiva tendrá un costó en la calidad de vida, años de la misma, enfermedades mentales, rúpturas sentimentales, problemas de familiare s y sobre todo una destrucción de lo que más aman ELLOS MISMOS.
La pregunta obligada vale pena perderlo TODO por querer tenerlo?

3 comentarios:

  1. Definitivamente no vale :/ has visto a peña Nieto? Pobre esta re acabado

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  2. Voy a traducir tu artículo en Google Translator y se lo voy a pasar a mi jefa finlandesa. Y luego ya te cuento con lo que me diga... porque vamos, esa ya debe de tener sus pequeños brotes. jajaja.

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  3. Si no valiera la pena no habría tanto político,


    Beso

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