viernes, 24 de abril de 2015

Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.

A petición de un amigui facebookistico y porque ayer fue día de Aragón y del libro pues hoy un post de una de esas leyendas de amor tan presente en la historia de la humanidad, al parecer nos gustan esos amores imposibles, esos tormentos y pasionales modelos de amor dónde ambos se dejar volar, dónde pierden la noción de lo que conviene y se entregan más al deseo y al súblime sacrificio, tenemos historias de amor en todas las culturas, aunque el amor REAL dista de ese idealismo, quizá por eso la frase de tonta ella y tonto él  muestra a un lado distinto de La Julieta y Romeo o de la niña de Guatemala la que murió de amor jujuju.

Se trata de Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, conocido a partir de las recreaciones del teatro barroco como Diego, ambos turolenses de familias enemigas, al parecer era un conflicto de clase ella hija única de un rico local y el más bien  ciudadano de a píe.

Juan o Diego se fue de Teruel para trabajar en la Mar y buscarse el mundo, le pidió a Isabel que le esperará 5 años, mientras conseguía lo necesario para casarse con ella y demostrarle a su padre que era un valedor.

En esos 5 años el padre intento colocarla con un hombre acaudalado, pero ella  le dijo a su padre que prometió ser virgen  hasta los 20 años, ese voto ante María no lo podía romper y que además deseaba saber todo lo que concierne a una señora antes de desposarse. y el padre le creyó.

Pero pasaron los 5 años y su padre la desposó, obvio Juan regreso a la ciudad y se enteró de lo sucedido lo cuál le causo gran penar...

El enamorado se puso tras el lecho de su amada ya desposada y le dijo: «Bésame, que me muero». Y ella repuso: «No quiera Dios que yo falte a mi marido. Por la pasión de Jesucristo os suplico que busquéis a otra, que de mí no hagáis cuenta, pues si a Dios no ha complacido, tampoco me complace a mí».

 Él dijo otra vez: «Bésame, que me muero». Repuso ella: «No quiero». Entonces él cayó muerto. Ella, que lo veía como si fuera de día por la gran luz de la habitación, se puso a temblar y despertó al marido diciendo que roncaba tanto que le hacía sentir miedo, que le contase alguna cosa. 

Y él contó una burla. Ella dijo que quería contar otra. Y le contó lo ocurrido y de cómo con un suspiro Juan había muerto. Dijo el marido: «¡Oh, malvada. ¿Y por qué no lo has besado?». Repuso ella: «Por no faltar a mi marido». «Ciertamente, dijo él, eres digna de alabanzas». Él, todo alterado, se levantó y no sabía qué hacer. Decía: «Si las gentes saben que aquí ha muerto, dirán que yo lo he matado y seré puesto en gran apuro». Acordaron esforzarse y lo llevaron a casa de su padre. Lo hicieron con gran afán y no fueron oídos por nadie. A la joven le vino al pensamiento de cuánto la quería Juan y de cuánto había hecho por ella, y que por no quererlo besar había muerto. Acordó ir a besarlo antes de que lo enterrasen; se fue a la iglesia del señor San Pedro, que allí lo tenían. Las mujeres honradas se levantaron por ella. Ella no se preocupó de otra cosa más que de ir hacia el muerto. Le descubrió la cara apartando la mortaja, y lo besó tan fuerte que allí murió. Las gentes que veían que ella, que no era parienta, estaba así yacente sobre el muerto, fueron para decirle que se quitase de allí, pero vieron que estaba muerta. El marido contó el caso a todos los que había delante, según ella se lo había contado. Acordaron enterrarlos juntos en una sepultura. Juntos para siempre.



2 comentarios:

  1. Vaya historia, Álvaro, y tan extraña y hermosa como la de Romeo y Julieta. Y en este caso, el marido de ella se portó realmente como un caballero, eso sí que no es frecuente. El monumento es también una preciosidad. Besos, Al.

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  2. Una historia medieval a lo Romeo y Julieta, ambos entregados el uno al otro y se complementaban :3
    Un amor así please! tan intenso y el esposo no reacciono como esperaba. Te mando un abrazo enorme y nos leemos

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