viernes, 27 de febrero de 2015

Destruyendo el pasado.. Topten de crímenes a la humanidad... PARTE 1.

Una de los síntomas más preocupantes del estado islámico es que recurre como ya la hicieron otras salvajes "civilizaciones" a destruir el pasado, y con ello se pierde un valor incalculable, el TESORO mismo del saber humano, de la cultura, el rico bagaje cultural de miles de años.

Hoy se difundió la triste destrucción del Museo de Nínive en Mosul, la capital del imperio Asirio y una de las ciudades más fabulosas que el mundo haya visto. La verdad es que me parece indignante, terrorifico y que merece una pronta respuesta de occidente, porque lo que se cocina entre Siria e Irak puede convertirse como ya lo parece en algo vírico, que amenaza vidas y formas de pensar.

Pero, cuales son las  más famosas destrucciones del PASADO? o ejemplos de ese salvajismo.

1 Destrucción de la biblioteca de Alejandría.

Cuando el cristianismo se convirtió en la religión de estado en el bajo Imperio Romano Egipto sufrió una de las más grandes perdidas, sí no la mayor de  ellas del saber humano, los obispos Cristianos queriendo legitimar el culto a un SOLO Dios y celosos del saber adquirido en Egipto desde hacia más de 3000 años incendiaron la gran biblioteca de la Ciudad de Alejandro Magno, en ella ardieron cientos de miles de papíros con obras de los clásicos pensadores griegos, tratados médicos, objetos traídos desde la India y China. Ya Cesar causo estragos y Octavio al perseguir a Cleopatra y Marco Antonio así como la llegada de los musulmanes en el siglo VI después de cristo, pero fue CIRILO quién mando su destrucción, de hecho la pelí española que habla de Hipatia y protagonizada por Rache Weisz habla de ese terrible capítulo para la humanidad, la religión del "amor" y los esclavos se dedico a destruir y con ello comenzó la edad del oscurantismo o Edad Media.

Nat GEO dice: EL modelo de ese sueño literario se encuentra en la célebre Biblioteca de Alejandría. Creada pocos años después de la fundación de la ciudad por Alejandro Magno en 331 a.C., tenía como finalidad compilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países, que debían ser «incluidas» en una suerte de colección inmortal para la posteridad. A mediados del siglo III a.C., bajo la dirección del poeta Calímaco de Cirene, se cree que la biblioteca poseía cerca de 490.000 libros, una cifra que dos siglos después había aumentado hasta los 700.000, según Aulo Gelio. Son cifras discutidas –otros cálculos más prudentes les quitan un cero a ambas–, pero dan una idea de la gran pérdida para el conocimiento que supuso la destrucción de la biblioteca alejandrina, la desaparición completa del extraordinario patrimonio literario y científico que bibliotecarios como Demetrio de Falero, el citado Calímaco o Apolonio de Rodas supieron atesorar a lo largo de decenios. Sin duda, la desaparición de la Biblioteca de Alejandría constituye uno de los más simbólicos desastres culturales de la historia, comparable tan sólo con la quema de libros que siguió a la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204 o la que tuvo lugar en 1933 en la Bebelplatz de Berlín a instancias del ministro de propaganda Joseph Goebbels; eso por no hablar del incendio de la biblioteca de Bagdad, en 2003, ante la pasividad de las tropas estadounidenses.

Con la caída de Antonio y Cleopatra y el consiguiente hundimiento del reino ptolemaico de Egipto, que cayó en manos de Roma, Alejandría fue entrando en una lenta e inexorable decadencia, y con ella también su Biblioteca. Ciertamente, ésta siguió atrayendo a estudiantes y sabios, como Diodoro Sículo o Estrabón, y su fama rebasaba las fronteras. Pero ya no existía una corte real propia que se preocupara por dotarla, y la ciudad egipcia perdía empuje ante Roma, la capital del Imperio. El carácter de la Biblioteca evolucionó. Se abandonó la pretensión de totalidad que tuvieron los primeros Ptolomeos, ansiosos de recopilar todo el saber, incluido el de otros pueblos no griegos, como las tradiciones egipcias y judías o los himnos de Zoroastro, que fueron convenientemente traducidos al griego. Las diversas crisis del siglo II, como la terrible peste Antonina que asoló Egipto, y sobre todo del siglo III, repleto de usurpaciones políticas y graves conflictos, tuvieron repercusiones muy negativas para la vida cultural de la ciudad y en particular para la conservación de los libros de la Biblioteca. Para colmo de males, en el año 272 el emperador Aureliano arrasó Alejandría en el transcurso de su campaña contra la reina Zenobia de Palmira. Años después, bajo el reinado de Diocleciano, la urbe sufrió otra importante devastación que afectó al complejo palacial.

La proclamación del cristianismo como religión oficial del Imperio en el siglo IV tuvo consecuencias más graves para la biblioteca alejandrina. En sus anaqueles se habían compilado los saberes del paganismo clásico, justamente el tipo de cultura que rechazaban algunos movimientos cristianos. Eran los años en que figuras como san Antonio huían al desierto o a comunidades monásticas donde se dedicaban sólo a orar y meditar sobre las Escrituras. Inevitablemente, los viejos libros de la biblioteca ptolemaica dejaron de interesar a los adeptos de la nueva religión. Pero eso no fue todo. Las leyes contra el paganismo promulgadas por el emperador Teodosio fueron aprovechadas por los cristianos más exaltados para legitimar sus ataques contra templos e instituciones del paganismo. De este modo, la importante biblioteca del Serapeo, fundación de Ptolomeo Evergetes –que algunos autores confunden con la biblioteca real, la propiamente dicha Biblioteca de Alejandría–, fue arrasada en el año 391 durante un «pogromo» antipagano instigado por el patriarca Teófilo. Años más tarde, en 415, la filósofa y científica Hipatia de Alejandría, tal vez la última representante de la tradición filosófica alejandrina, moría a manos de una horda de monjes cristianos
 instigados por el patriarca Cirilo, a la sazón sucesor de Teófilo, y junto con ella desapareció su valiosa biblioteca. Por esa misma época, el teólogo hispano Orosio informaba de que al visitar la ciudad sólo halló anaqueles vacíos en los templos, sin ningún libro en ellos, pese a la fama libresca de Alejandría.
Si la Biblioteca no había desaparecido del todo, no hay duda de que en los decenios posteriores su declive se agudizó. La violencia sacudía una y otra vez la ciudad, con constantes guerras y enfrentamientos por el poder.

A comienzos del siglo VII, la sangrienta disputa por el trono de Bizancio entre el usurpador Focas y el futuro emperador Heraclio dejó un rastro de destrucción en Alejandría. No fueron menores los daños que causó, en 618, la conquista de Egipto por los persas de Cosroes, quienes llegaron a robar la reliquia de la Vera Cruz de Jerusalén, aunque Heraclio logró recuperar la ciudad y todo Egipto para Bizancio.

2 Destrucción de Tenochtitlan, templo mayor

Hoy que veía TVE y a Marilo y su equipo hablar de la destrucción en Nínive me pareció que les causo cierto escandalo lo que ocurre en Mosul y hablaron de destrucciones variasd, pero omiten los españoles y lo entiendo porque es vergonzoso para ellos hablar de la destrucción de las civilizaciones en las Américas, en concreto su prímer víctima el imperio Azteca y su hermosísima capital TENOCHTITLAN.

La Venezzia americana, con su ciudad flotante en el lago de Texcoco era sin duda la ciudad más grande del mundo a la llegada de los españoles, con un sístema de ingeniería hidráulico que lo dotaba de acueductos, sístema de recolección de aguas sucias, campos  de cultivo flotantes (chinanpa), calzadas, puente y plazas públicas como no había en Europa, su debilidad no era que fueran SALVAJES era su coomovisión, una de respeto a la VIDA, la NATURALEZA y el orden cósmico.

El comienzo del fin de las civilizaciones americanas ocurre cuando Cortés deja a cargo al desalmado Pedro de Alvarado al mando de sus huestes en Tenochtitlan, que durante una celebración y aprovechando que estaban todos los nobles aztecas reunidos los masacraron en el templo Mayor, destruyendo e inciandolo y colocando la CRUZ.

México desconocido publica:

A partir de ese momento se impone un nuevo orden. Sobre las ruinas de Tenochtitlan nacerá la nueva ciudad colonial. Bien vienen a este propósito los materiales tomados de los templos destruidos durante los combates y aún después. Fray Toribio de Benavente, Motolinía, nos recuerda aquellos momentos aciagos en que los indígenas fueron obligados a demoler sus propios templos para, a su vez, construir los primeros edificios coloniales. Dice así el franciscano:
La séptima plaga [fue] la edificación de la gran ciudad de México, en la cual los primeros años andaba más gente que en la edificación del templo de Jerusalén en tiempos de Salomón, porque era tanta la gente que andaba en las obras, o venían con materiales y a traer tributos y mantenimientos a los españoles y para los que trabajaban en las obras, que apenas podía hombre romper por algunas calles y calzadas, aunque son bien anchas; y en las obras, unos tomaban las vigas, y otros caían de alto, sobre otros caían los edificios que deshacían en una parte para hacer en otras...
¡Terribles debieron ser aquellos momentos para que el fraile los comparara con las plagas de Egipto!
En cuanto al Templo Mayor, varios cronistas del siglo XVI refieren su destrucción, la cual era de esperarse, pues no dudamos de que Cortés fuera informado del simbolismo que tenía el edificio como centro de la cosmovisión del pueblo azteca. Había, pues, que destruir lo que los españoles consideraban obra del demonio. Bernal Díaz del Castillo, quien participó en los combates, relata cómo tomaron y destruyeron el Templo Mayor de Tlatelolco:
Aquí había bien que decir en qué peligro nos vimos los unos y los otros en ganarles aquellas fortalezas, que ya he dicho muchas otras veces que era muy alta, y en aquella batalla nos tornaron a herir a todos muy malamente. Todavía les pusimos fuego, y se quemaron los ídolos...
Terminados los combates, la resistencia indígena no se hizo esperar. Tenemos pruebas fehacientes de que los conquistadores encargaban a los indígenas escoger esculturas de sus dioses para hacer con ellas las columnas de templos y conventos. Sobre el particular, nos sigue diciendo Motolinía:
para hacer las iglesias comenzaron a echar mano de sus teocallis para sacar de ellos piedra y madera, y de esta manera quedaron desollados y derribados; y los ídolos de piedra, de los cuales había infinito, no sólo escapaban quebrados y hechos pedazos, pero vinieron a servir de cimientos para las iglesias; y como había algunos muy grandes, venían lo mejor del mundo para cimiento de tan grande y santa obra.
Pues resulta que uno de estos ídolos “muy grandes” eran las esculturas de Tlaltecuhtli, señor de la tierra, cuya efigie siempre iba colocada boca abajo y no estaba a la vista. El indígena lo escogía y empezaba a labrar la columna colonial, cuidando que la imagen del dios quedara bien conservada en la parte inferior, y de esta manera se preservaba el culto a la deidad... ingenio de los pueblos sometidos para guardar sus propias creencias…
Poco a poco la antigua ciudad fue cubierta por la nueva traza colonial. Los templos indígenas fueron sustituidos por los templos cristianos. La actual ciudad de México encierra bajo su piso de concreto muchas ciudades prehispánicas que aguardan el momento en que la arqueología llegue hasta ellas. Bien vale la pena recordar las palabras que quedaron grabadas en mármol a un costado del Templo Mayor de Tlatelolco y que son memoria de lo que ahí ocurrió:
El 13 de agosto de 1521,heroicamente defendida por Cuauhtémoc,cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés.No fue triunfo ni derrota,fue el doloroso nacimientodel pueblo mestizo,que es el México de hoy…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

deja tus oraciones y plegarias

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails
Se ha producido un error en este gadget.