viernes, 10 de agosto de 2012

Sandra, la Reina del Pacífico.

Sandra Ávila Beltran es la Reina del Pacífico., Su mote impresionante se debe a que en algún momento lidero una de las organizaciones criminales más importantes del país, una mujer buscada urbi et orbe por ser quien presuntamente metió a USA y a Europa toneladas de cocaína traída desde sudamerica.

Nació en una familia de contrabandistas del estado de Sinaloa. Su tío es Miguel Ángel Félix Gallardo, conocido como "el Padrino". Su Sociedad y su vida diaria era con varios capos de la droga muy conocidos en su juventud.

Se casó dos veces, sus dos maridos ironicamente comandantes de la policía antidrogas que llegaron a ser traficantes. Ambos fueron luego asesinados por asesinos a sueldo con el chuchillo por la espalda.1 La policía atribuye su ascenso al poder en el mundo de la droga gracias a su gran porte , elegancia y belleza pero antes que nada a su gran inteligencia para los negocios a sus movimientos tranquilos , que son los de una reina de belleza.

Justo esa belleza inspiro una de los libros y luego serie más popular en los últimos años "La reina del sur" que protagonizó Kate del Castillo y que tan controvertido a sido, especialmente luego de que la Actríz pidiera al "chapo" Guzmán pusiera orden y encausara al papis por el progreso luego de que los políticos no lo han sabido hacer.

Sandra es una mujer que durante muchos años gozó de la protección primero y luega el asedio de su familia, se concentro en ser operadora del cartel desde la ciudad de México, Guadalajara y el corredor de Chihuahua, así paso muchos años casi inadvertida manejando cuantiosas cifras que luego invertia en "negocios" donde se lavaba al por mayor.

Ella se define como una ama de casa, que se dedica a la venta de ropa y los bienes y raíces, para su mala suerte el día que la detuvieron está marcado por la anormalidad.

Captura de película

Desde las 10:15 de la mañana del viernes 28 de septiembre, Sandra Ávila había llegado al restaurante al sur del Distrito Federal.

Ahí se reunió con un hombre y una mujer con quienes desayunó y que le decían Daniela. “Eran dos personas ajenas a los negocios ilícitos”, cuentan los agentes.

Para llegar a ese lugar, la tijuanense salió sola de su casa. Como nunca lo hacía, iba sin los autos que la cuidaban en todo momento.

En ocasiones usaba una camioneta BMW. También un auto de la misma marca, o alguno de los dos Mercedes Benz. Muy ocasionalmente utilizaba el Mondeo.

Cuando ella salía en alguno de los carros, dos o tres personas la seguían en otro. “Eran sus muros”, describen los investigadores.

“Era una mujer que se cuidaba mucho. Casi nunca se bajaba de sus autos. Cambiaba mucho sus rutas. Cuando llegaba a casa daba dos o tres vueltas por otras calles. A veces se frenaba en pleno Periférico sin motivo alguno… todo para estar segura de que nadie la seguía”.

Pero ese día fue diferente. En su camioneta BMW negra salió rumbo al Vips. Sin dar vueltas innecesarias. Sin sus “muros”. Sin armas.

Y al llegar al lugar se sentó en un gabinete del restaurante. Junto a una ventana.

En las manos sólo llevaba su bolsa. Dentro de ella dos tarjetas de crédito HSBC, tres teléfonos celulares, unas gotas para los ojos y un juego de llaves.

Tres agentes entraron al restaurante como si fueran clientes. Dos se sentaron a una mesa y otro más hizo lo mismo a unos metros de ella.

Ella nunca los reconoció. Vestían de traje, tomaban café. “Creí que eran abogados, licenciados, cualquier cosa. Nunca que fueran federales”, confesaría después.

A través del cristal otros agentes la vigilaban desde afuera. Unos se escondieron en las cajuelas de sus autos. Otro más logró tomarle una foto a lo lejos.

“Logramos obtener un retrato en ese instante. Y lo enviamos a nuestra central. Ahí nuestro mando revisó la imagen, la comparó con los archivos y en unos minutos nos dio la orden: Es ella; adelante con la detención”.

Sandra Ávila estuvo horas en el restaurante. Pagó la cuenta y todavía platicó con sus acompañantes durante 35 minutos en la entrada.

El tiempo era desesperante para los agentes. El miedo a que los descubriera los invadía.

Aunque había agentes apostados en algunas calles cercanas, todo podía suceder con una mujer “tan querida por los grandes narcotraficantes”, como la describen los investigadores.

Pero al final salió del restaurante sin llamar a nadie. Caminó hacia su camioneta y subió a ella. Estaba por encender el motor cuando escuchó una voz afuera de la ventana: “Policía federal, baje de la unidad”.

Los pequeños ojos de la tijuanense se abrieron más de lo normal. “Quizá pensó que la íbamos a secuestrar. O que éramos de algún grupo rival”, platican sus captores.

Con la voz un poco nerviosa ella les dijo:

—No es cierto. Ustedes no son federales, vienen de otro lado. —Somos policía federal. ¿Cómo se llama? —No, no es cierto. Ustedes vienen de otro lado. Yo soy Sandra… Sandra Ávila Beltrán… La mujer ya no habló más.

Los agentes la subieron a uno de los automóviles de la policía. Le pidieron el boleto del estacionamiento y ella se los dio para pagarlo.

Luego de entregar 28 pesos en la caseta del estacionamiento, todos salieron de ahí. La señora iba sentada en el asiento trasero de una de las unidades.

“Ni siquiera me mostraron sus identificaciones. Ninguna orden, nada…” fue lo primero que dijo La Reina del Pacífico cuando la llevaban ya rumbo a la Procuraduría General de la República (PGR).

De esto han pasado ya algunos años y hoy por fin USA logra la tan buscada extradición luego de que las autoridades mexicanas lo le pudieron "fincar cargos", no le comprobaron nada.

1 comentario:

  1. No sabía nada de esta historia. Impresionante. Y hace cierto eso de que la realidad a veces supera la ficción. No estoy a favor de estos criminales, pero no hay duda de que son gente muy inteligente, y bien podrían dedicarse a hacer el bien en vez de tanto daño. Y creo que es justo que pague por sus fechorías, porque hasta en el tablero de ajedrez las reinas también caen. Besos.

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