miércoles, 4 de julio de 2012

Y sigue la mata dando

Hola

Pues hoy 4 de Julio día en que los gringos se independizaron en México se oficializan los resultados de la elección del pasado domingo al computarse el 100% de los votos en los 300 consejos distritales.

El PRI avanza y gana 170 de los 300 distritos y logra 237 diputados de los 500 teniendo una mayoría simple, la izquierda logra convertirse por primera vez en la segunda fuerza política del país y el pan solo logra el 20% del arco parmamentario.

En los estados Jalisco y Yucatán se consolida el triunfo del PRI, en Tabasco, Morelos y DF se vuelven de Izquierda, el PAN gana las elecciones del congreso en Tamaulipas y gana Guanajuato su bastión más importante.

A petición de AMLO y de la izquierdas se revisará el 30% de las casillas aunque el peje pide el 100% para hacer un macroconteo del voto, aún se resiste a aceptar su derrota aunque la diferencia de votos ronda los 3.5 millones de sugrafios, cerca del 6 o 7% del total de los votos emitidos.

Hoy encontre esta columna de León Krauze que me parece vital para entender este momento historico y seguir adelante como país dentro de la UNIDAD y no craer más división.

Milenio, Lepon Krauze EPICENTRO.
2012-07-03 • Política Imprimir
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Los perdedores de una elección enfrentan un trago amargo pero indispensable: aceptar que hubo alguien mejor, más hábil, más querido, más popular. Deben, en suma, administrar la frustración de la derrota. A diferencia de la costumbre reciente, en la elección del domingo fuimos testigos de varios actos de dignidad democrática. Josefina Vázquez Mota, por ejemplo, ni siquiera esperó al conteo rápido del IFE: sabedora de su fracaso, decidió borrar cualquier sombra de duda y aceptó que no contaba con el favor del electorado. Cumplió, así, con el debido proceso democrático. Lo mismo hizo Gabriel Quadri, quien aceptó su propio descalabro, que en el fondo escondía un éxito deleznable: el registro para Nueva Alianza. Todos los otros actores de la competencia estuvieron, también, a la altura: el árbitro, el presidente en funciones, el ganador de la contienda. Todos, salvo Andrés Manuel López Obrador, quien volvió a optar por postergar la normalidad democrática del país. Estaba en su legítimo derecho: después de todo, en efecto, la última palabra no la tiene el conteo rápido ni el famoso PREP. Pero uno intuye que López Obrador sabe que ha perdido. Y sabe que su derrota ha sido más clara, más inobjetable que la de 2006. ¿Por qué, entonces, no quiso demostrar altura cívica? ¿Por qué, en su discurso del domingo, tomó el camino de la dilación, recurriendo de nuevo a la retórica de la conspiración (“la realidad es otra cosa”, “tenemos otros datos”, etcétera)? ¿Por qué prefiere, de nuevo, restar legitimidad a quien lo ha derrotado antes que comenzar, desde ahora, una oposición minoritaria robusta, pero leal?

Solo el propio López Obrador sabe las respuestas. Creo, sin embargo, que ha llegado el momento de sugerirle que libere a la izquierda mexicana del grillete que implica su personalísima persecución del poder. Hace algunos meses, López Obrador me concedió una larga entrevista. Fue una buena charla; llena, para mí, de descubrimientos. Al final le pregunté al candidato cómo me recomendaría, a su debido tiempo, explicarle a mi hijo de cuatro años quién ha sido López Obrador en la vida mexicana. “Un luchador social”, me dijo, con emoción. Me explicó que, en su cálculo más íntimo, es más importante el veredicto de la historia que la conquista de un cargo público. Le creí. Sé que López Obrador ha estudiado a fondo la historia de nuestro país, en la que quisiera figurar como un hombre que enarboló ideales y principios. Es un objetivo noble. Precisamente por eso me parece que debe hacer un examen de conciencia y poner de lado sus aspiraciones electorales futuras.

Digo lo anterior como un ciudadano huérfano. Hace años, en estas mismas páginas, me declaré un hombre de izquierda. Me repugna el capitalismo en su versión más rapaz. Creo en la libertad plena de las minorías. Respaldo el derecho de los homosexuales a contraer matrimonio y adoptar, así como el de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Creo que el debate de la regulación de las drogas es impostergable. Soy, en suma, un votante natural de izquierda. Pero no soy lopezobradorista. Y no lo soy porque no creo que, en el fondo, López Obrador sea un hombre de conciencia liberal. Y tampoco lo soy porque he sufrido en carne propia la erupción de ponzoña verbal a la que, durante ya muchos años, nos han sometido los simpatizantes del lopezobradorismo. He visto cómo, con la venia absoluta de López Obrador, se han mancillado trayectorias cívicas e intelectuales que podrán ser cuestionadas desde una perspectiva ideológica, pero nunca desde su compromiso con un México mejor, más sano, más democrático. López Obrador nunca hizo algo para detener a los que sometieron a muchos a un abuso aberrante y cotidiano. En aquella entrevista, el candidato me explicó que toda esa virulencia, ese vómito ignorante, le parecía comprensible después de “lo que pasó en 2006”. Así, amparado en un mito, López Obrador se sentó a ver a la turba escupirle a los que, desde la reflexión honesta, estuvimos en desacuerdo con él. La agresión no me amedrenta, pero tampoco la olvido.

El futuro electoral de la izquierda ya no es Andrés Manuel López Obrador. Creo, por otro lado, que el hombre de Tabasco no debe irse a su famoso rancho; debe permanecer entre nosotros. Pero ya no debe encabezar un proyecto cuyo desenlace sean las urnas. Debe, en cambio, dedicarse a esa otra ambición: la del líder social. Si no lo hace, su lugar en la historia no solo se verá ensombrecido. Le ocurrirá algo peor: será recordado como un hombre que, en aras de la satisfacción narcisista, condenó a un país entero al encono y, peor aún, a la versión más pobre y estéril de la indignación.

2 comentarios:

  1. Aplaudo el ascenso de la izquierda. Pero el PRI me parece un partido muy viejo, muy visto, muy pegado al poder, y con un ideología muy difusa. Poco se puede esperar de ellos. Yo no creo que en unas elecciones democráticas gane el mejor, porque hay gente que no sabe ni qué es lo que está votando (mira lo que pasó en España, ganó el peor y sólo con un 22%). También entiendo que hay gente que prefiera malo conocido que bueno por conocer. En todo caso, tanto en los E.U. Mexicanos como en cualquier otro sitio, dudo que los políticos estén a la altura de las circunstancias y sean la clave para resolver los problemas reales de la gente real. Pero, bueno, algún paso adelante puede darse. Estos días me he estado acordando de la canción de Molotov, "Gimme tha power", lo que cuenta está muy de actualidad. Besos.

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  2. Pues mira yo celebro la derecha se siente un rato que se lo merece porque goberno muy mal y el problema de la izquierda es que no reacciona a la altura de las circunstancias el PRI tiene el derecho y la oportunidad de hacer las cosas mejor, como el PSOE o el PP en España que han tenido alternancia y segundas oportunidades.

    Ya en 6 años veremos que paso, que los jugue la historia querido Roobert.

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